martes, 28 de abril de 2015

Cuando mi historia me alcanza...



Entre la educación rural y la urbana, entre el campo y la ciudad, entre el pasado y el presente...


A comienzos de este año, en el desarrollo del taller inicial del Profesorado de Educación Primaria, con mi colega decidimos trabajar desde la historia de la educación en nuestro país como punto de partida.
Cuando mi colega habló sobre su experiencia en educación rural y con gran emotividad se expresó sobre la nostalgia que le produjo ver a los niños alejarse en sus caballitos, en la soledad de esos caminos hacia sus hogares al final de la jornada, tan solitarios, tan vulnerables; una catarata de recuerdos se desató en mi mente, incontenible, pujante y arrolladora, las imágenes danzaban con vida propia, y el viaje de regreso a mi propia niñez fue desde todo punto de vista inevitable. Un viaje por los recuerdos, espiando el pasado y desempolvando momentos vividos que quedaron grabados en mi memoria, instantes compartidos que forjaron amistades verdaderas y perdurables… si cerrando los ojos casi puedo sentir la brisa agradable en el rostro al cabalgar en las cálidas mañanas de abril, acompañada por mi querido hermano, para vivir día a día la increíble experiencia de ser alumna de una escuela rural.
¡Cuánta diversión, cuanta ansiedad por encontrarnos con los compañeros, cuanta alegría de poder compartir, cuanta necesidad de contacto con otros niños! Y cuántas expectativas por aprender y escuchar los relatos de la “Seño” que venía de la ciudad.

Ir a la escuela era una aventura, los libros nos permitían soñar y descubrir realidades que solo existían en nuestra imaginación, ávidos de conocimientos en un aula multigrado con apenas 15 alumnos en total, lo que favorecía aun más el aprendizaje.
Fue entonces cuando comenzó a germinar la semilla de la vocación docente, producto de la admiración y valoración por el trabajo de aquella abnegada maestra. Recuerdo cuando organizó un viaje para visitar en la ciudad de Concordia un museo, recorrer la represa hidroeléctrica de Salto Grande aun en construcción, conocer el río y el hermoso parque San Carlos donde ahora también está la estatua del Principito, ver la ciudad, viajar en micro, diferenciar arroyos de lagunas que cruzábamos en el camino... ¡Cuánto trabajo extra, cuánta gestión y organización, cuánto esfuerzo, pero también cuán significativos los trabajos que surgieron a partir de la experiencia directa! Si debiera buscar un ejemplo para “aprendizaje significativo” sin duda recurriría a este paseo.


Hoy, cuando mi hermano ya ha partido definitivamente, estos recuerdos hacen que pensar en él sea algo grato, una caricia para mi alma dolorida, un soplo de frescos y naturales aromas campestres, sobre todo cuando estoy frente a un aula y debo pensar en dar algo más que una simple clase, o afrontar algún momento emocional, es entonces cuando siento que él está conmigo y me acompaña, que esa historia compartida construida entre risas y corridas hoy sigue viva y llega hasta mí para enriquecer mi presente. Esto define mi ser docente, y me ayuda en aquellas situaciones que necesitan consideración desde lo humano antes que desde cualquier otro aspecto.

Aquí comparto un prezi que pretende ilustrar este relato:






No hay comentarios:

Publicar un comentario